domingo, 13 de diciembre de 2015

(Mi) Mujer

Querida mujer, hoy te escribo a ti.

No sé por dónde empezar esta carta que alzaré hacia el cielo… Quizá explicando porqué a ti, mujer.

Corren rumores de que no hay mal que por bien no venga, y no podemos hacer de este una excepción.

Es a ti a quien te escribo hoy, por ser la mujer que llenó de luz mis ojos, por ser la mujer que me afinó la sonrisa, por ser la mujer con la que soñaba. Por ser tú, mi única mujer.

Nunca olvidaré esas eternas tardes cuando todos dormían y yo me quedaba a tu vera mientras me contabas tus miles de vivencias de la infancia; Cuando te enseñaba a escribir alguna que otra palabra y te reías de ti misma por no saber ni lo que hacías; O cuando me contabas esos chistes subidos de tono, con los que a carcajadas juntas nos reíamos.

No miento si te digo que llegué a amar las telenovelas (pobre del que te las quitara) de los calurosos  mediodías de verano, que me llegaste a confesar, que era la quinta vez que la mirabas. Me entusiasmaba ver tu cara de felicidad al ver que hallaban la solución al problema, cuando realmente te sabías hasta el diálogo.

Esos pucheros y estofados ardiendo en pleno Agosto hechos por ti, mujer. Placeres de la vida.

Quién sino tú iba a ser capaz de crear una propia colección de muñecas tan “peculiares”. Todas estaban perfectamente diseñadas: camiseta interior, pantalones, jersey, chaleco, uñas pintadas, bufanda ( las que tenían frío), ojos de colores y unos pelos a lo loco. Hasta las hacías personalizadas hacia cierto familiar. Era muy gracioso verte camuflada entre ellas.

Nos han separado miles de kilómetros de distancia, y días, incluso años sin poder abrazarte… Pero te he querido con locura al ser mi única mujer.

Ahora te veo tan lejos y te siento tan cerca al levantar mi mano tratando de encontrarte; Pero me pierdo en el camino.

Y ese olor tuyo, mujer…

Y esas noches tomando el fresco y charlando hasta las tantas en la calle contigo, mujer…

Es irónico  pensar que al recordar todo sonrío, pero que al poner el punto y final las lágrimas vendrán.


Hoy, querida mujer, cuidada por la Luna, brillas en el cielo como la estrella que te mereces ser.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Manos de Acero

Fui nacido sin escudo en el reino de la guerra. 

Fui castigado sin culpa por un crimen jamás cometido.

Fui creado inocente en un mundo de asesinos.

Fui condenado a la cárcel del sufrimiento por pedir la Paz.

Crecí entre las nanas de las balas y las canciones de la pobreza; Jugando a esquivar disparos y cañonazos de los criminales; Soñando que comía una vez al día; Corriendo por las calles para que no me atraparan. Mi mente firme, por no convertirme en uno de ellos.

Vi la muerte de mi madre por intentar coger una barra de pan de sus sacos y una botella de agua para poder alimentarnos un miserable día de nuestras vidas.

Vi mi camiseta manchada de sangre de mi hermana recién tiroteada delante de mí, por negarse a quitarse la ropa e ir con ellos.

Vi mi casa arder y aún no sé el porqué.

Y a mi padre ni lo conocí.

Intenté aprender a sonreír, pero esa fue la meta más difícil que nunca jamás me propuse. Sentir alegría y bienestar, que no hay problemas más allá... Era como intentar quitarle al rico todo su oro.

Y perdí mi salvación por ser negro.

Escuché numerosas veces “quiero ser feliz” y fui al anciano más sabio a preguntarle sobre su significado. Me dijo que eso era una irrealidad que el humano había inventado, que él tenía noventa años y nunca había sentido esa cosa. Me dijo que la felicidad era algo similar a ver el Sol resplandeciendo entre las nubes sin humo de por medio. Comprendí que era otra mentira creada.

Fui escuchado por las cenizas de todos aquellos que perdieron sus 
vidas.

Fui luchando sin armas para encontrar el  final.

Fui hallado en la triste miseria de mi riqueza.

Fui niño pobre sin nombre y sin edad, existiendo sin estar, que caminó semanas enteras con los zapatos del suelo, que vivió entre los balcones de gritos del dolor, que aprendió de la más sabia soledad, que pintó en el cielo negro una estrella sin color.

Construí una mente de cristal para siempre recordar lo poco que había aprendido y un corazón de hierro para nunca sentir afecto hacia nada y unas manos de acero para sobrevivir en aquel delirio.

Y me construí a mí mismo como un escudo para huir del reino de la guerra.

sábado, 15 de agosto de 2015

Hombre del balcón

Puro en la mano, camisa azul de manga corta, bermudas bastante viejas, el diario abierto por la página de deportes y la silla de madera cerca de las plantas… ¡Ah no! ¡Que te has comprado una nueva! De color rojo pasión eh…el mismo del  que se te tiñen los mofletes cuando salgo ligerita de ropa de la ducha y volteo por MI cuarto (remarco el “mi” porque supuestamente debería tener algo de intimidad) hasta darme cuenta de que tengo la persiana medio subida y como no, muy atento hay que decir, mi gran fiel seguidor: tú; Hombre del balcón.

Vayamos a ver nuestra rutina (te incluyo ya en ella porque si tú no estás entonces no es rutina):

7:14. Hora de despertarme: abro los ojos, coqueteo con mi cama que tanto quiero, pienso con una sonrisa de oreja a oreja: “¡Qué maravilloso será el día de hoy!”  (Sí, la ironía viene desde buena mañana), subo las persianas y… ¡Bingo! ¡Ya has visto el pijama nuevo que me he comprado! ¡Olé, olé y olé! Si hasta parece que se enciendan los focos inexistentes y desfile de la puerta a la ventana como toda una profesional. No te pido opinión “hombre del balcón”  porque doy por supuesto que te encanta como todos los demás, aún que tú y la expresión facial no hicisteis migas por lo que veo… ¡Ah! Deja ya de leer el mismo diario siempre por favor, que el mundo avanza y el tiempo pasa sabes, el papel no se actualiza cariño… Tenemos un estanco en la esquina, puedes ir a comprar uno de nuevo, aún que eso implica levantarte de la silla…  Quizá vendrán paparazis y todo a tomar constancia del momento que marcará un antes y un después en la historia de la humanidad.

Y esto sólo es la mañana. (Importante el dato de que el puro no se ha acabado.)

Al mediodía no cruzamos miradas, pero suficiente tengo con la 
tarde.

Que sepas, que a partir de ahora, cada vez que haya algún concepto que no haya acabado de entender en clase, telepáticamente te pediré ayuda, ya que te muestras tan atento cuando estoy estudiando que parece que quieras enseñarme algo.

Lo mismo que cuando tengo que ir a coger el autobús y no encuentro las llaves. Parece que las hayas escondido tu y con esa sonrisa poco confiadora te estés burlando de mí o conmigo.

Y no te hablo cuando hay algún amigo o amiga y estamos tranquilamente charlando y riendo un rato; O lo intentamos. Como no, si es que, como no, estás intentando interferir en nuestra conversación de la cual obviamente (que se note la ironía otra vez)  sabes todo a la perfección sin descuido de ningún detalle.

Cae la noche. (El puro igualito que a primera hora.)

Con un poco de suerte estarás cenando, pero yo por si acaso me escondo entre las sábanas para ponerme el pijama, a estas horas no tengo ningunas ganas de desfilar para ti ni recrear aquí un show, lo siento.

Y es hora de bajar la persiana y decirte “Buenas noches, hasta mañana”.

La verdad eres un buen hombre; Eres sencillo y fiel amigo de los tuyos (lo digo por la estrecha relación con tu silla y el diario).


Y no mentiré, que si algún día al despertar ya no estás ahí, sentadito en tu balcón, con el diario de antes de la guerra civil y con el puro que nunca se acaba, todo cambiará.









viernes, 12 de junio de 2015

Vals de la Muerte.

-Vaya, has venido.
-¿A caso dudabas que mi ausencia hoy te haría compañía?
-En ningún momento. Por cierto, debo decirte que te veo especialmente bella esta noche; Este vestido rojo pasión resalta a la perfección tu exótico rostro, tiene un largo precioso y te hace una figura espléndida. No tengo palabras la verdad, simplemente estás increíble.
- Llevo tiempo reservándolo para una noche especial y cual mejor que la de hoy. Muchas gracias por tus halagos.
- No es nada. Entonces, ¿Quieres bailar?
-Por supuesto que sí. ¿Te apetece un vals? Nunca hemos danzado ninguno antes.
- Si me permites prenderte la mano, será un honor
- Ni lo preguntes.
-Gracias, ahora confía en mí y déjate llevar por la melodía del piano. Sé que es tu instrumento preferido y por eso he elegido un vals a piano antes de que vinieras, sabía que querías probar algo nuevo.
-Nunca lo llegaré a entender, como sin hablar me conoces como la palma de tu mano, como sabes lo que más deseo en cada momento, como me cautivas sin nada, simplemente bailando. Es inexplicable
-Querida, algún día comprenderás el porqué de todo.
-¿Tardará mucho en llegar?
- Está por ver.
-Mala suerte la mía. Solo dime una cosa, ¿por qué nunca me miras a los ojos?
- Sabes, es complicado. Hay miradas que enamoran, y otras que enternecen; En cambio, hay unas pocas que te penetran y por una razón u otra te matan. Esa es la mía… Vigila que te has ido del compás y cada vez te alejas más de mí.
- Siempre dices lo mismo, ya te conozco. Perdón, me he puesto nerviosa.
-Dejemos el tema, no importa. Esta parte me gusta en especial, escucha.
- Sé que te gusta, me has apretado en exceso la cintura y arrugado el vestido.
- Disculpa, no era mi intención.
- Sólo bromeaba un rato, no es nada
- Un, dos, tres… Un, dos, tres…
-Espera… ¿Es el vals de la muerte?
-Ese mismo amada, ese mismo.  
-¡Qué maravilla! ¿Quién es el gran pianista que lo está interpretando?
-La oscuridad.
-De verdad.
-Nunca miento.
-Final.
-Voy a besarte la mano para finalizar esta preciosa danza.
-Gracias, de todo corazón. Parecía que voláramos, que la noche nos arropara… Ha sido mágico.
-Todo es por ti.
-¿Vuelve a sonar el vals?
-Sí.
-Pero ya hemos acabado.
-Aún no. Atenta.
-Atenta estoy.
-Esta vez va a ser diferente; Tú vas a cerrar los ojos y yo voy a recorrer el camino de tus brazos con la yema de  mis dedos. Cuando llegue a la palma de la mano te la prenderé y entonces abrirás los ojos. ¿Entendido?
-Sí

-Pues va… Abre los ojos y mírame. Mírame fijamente a los míos y deja que mi mirada te penetre, te mate, de amor, de dolor, de rencor, de impresión, de pasión, de lo que tú quieras, pero deja que te mate. Ahora cariño, continua danzando tu sola el vals de la muerte con ella misma.

domingo, 29 de marzo de 2015

Alterado.

Sinceramente, creí ser la reina de tus sueños.
Por el brindis de diferencias y aceptaciones abrimos la botella de vino más lujosa que guardábamos dentro de la bodega.
Y es que la nada no encajaba en el juego que ambas habíamos inventado. Inofensiva como ella sola nos observaba curiosa tras la ventana.
Fueron en esas noches en vela en las que marqué tus pálpitos sobre mi piel. Contaba cada milésima de ellos, trataba de perseguirlos y perderlos, y acelerarlos con mis besos.
Establecimos una oposición con nuestros labios cruzado los cuales a la perfección, cumplieron la ley de la atracción. Intercambiaron un sentido inexistente, y se bañaron con su color opuesto, creando una preciosa desigualdad.
Un contraste.
Entonces me perdí, en el humo de tu violenta y seductora aroma que me arropaba todos los crepúsculos y me enloquecía los amaneceres.
Un viaje de cambios tratando de explorar tus perdidos escritos. Excelentes fantasías que narrabas con criaturas que ni se podían imaginar, con sueños tan frágiles como la pura realidad, como cuando tenías un sutil  fragmento de corazón.
Eran los versos que narraban tus silencios o quizá solo fue, fue…
Y entre puntos suspensivos te perdiste.
… Ni yo lo sé…
Me perdí entre puntos suspensivos tratado de hallar el que hiciera final.
Tus silencios en la línea del verso.
Unos cambios durante el viaje de perderte las narraciones; Todas ellas tan puras y tan repugnantemente idealistas, que de ellas cenizas hice con mi mirada de fuego.
Presa de tu dulce aroma desvanecida en el inocente humo, que me acompañaba todo el día y me protegía de la mínima tentación, de la captación.
Un contraste.
Fomentamos una igualdad con la rima de nuestras pestañas, seguían una partitura. Desconocidos tan familiares; Miles de clones idénticamente idénticos, confusos entre la igualdad, desesperados por encontrar la desemejanza.
Mi piel fue marcada por tus pálpitos.  Colocabas tu cabeza sobre mi pecho creyendo que yo no te sentía, y una vez allí simplemente te dedicabas a que sonara un único instrumento a la luz de la hoguera.
Y encajaba todo en la nada, ya que en el todo nada funcionaba. Él era poderoso y orgullosamente lo admitía, mientras que ella, ella simplemente pasaba desapercibida.
De aceptaciones y diferencias fue el brindis. Maldito Chin-Chin de las copas repletas del dichoso vino blanco que me emborrachó.
De todo corazón, confiaba en que era el sueño de tu reina.

Hallé el punto final.

viernes, 20 de febrero de 2015

Desastrosa creación.

Querida Nada que el Todo ha creado, vengo a hablarte seriamente…
Seré breve y precisa.
¿Qué narices hacías en el momento de nuestra invención? Cuéntamelo por favor, que llevo muchos años pensando una respuesta mínimamente razonable y ni en lo más  hondo del pozo ni en profundidades de los desiertos la encuentro.
Tenemos la necesidad de sentirnos superior a cualquier otro ser vivo, y, como tan poderosamente poderosos nos creemos, así, sin más dilación acabamos con él.
Afirmamos ser los dueños del mundo sin nadie habérnoslos adjudicado. Es gracioso y todo. Ya me gustaría ver a los de ahí arriba como se ríen de nosotros y de nuestro súper festival…
Ni pudiendo utilizar la mitad del cerebro ya matamos los unos a los otros. Imagínate cuando a los próximos les des más capacidad. Vamos, en dos días se autodestruyen ellos solitos sin armas ni fuego.
Luego claro, interminables campañas tipo “Cuidemos a la madre naturaleza, sin ella no somos nada” o “Valoremos lo que tenemos que jamás lo recuperaremos”.  Ni que lo digas, pero para empezar recoge eso que has tirado al suelo si tanto la amas y deseas protegerla a tu más preciada joya.
¿Para qué me quitas lentamente la capacidad más bonita, la de imaginar? Perder la magia del pensar  y crear todo aquello que jamás hemos visto ni veremos, de ser libres en un mundo paralelo, de volar y alejarnos de la cruda realidad…  No sé cuéntamelo tu Nada, que yo aún esta decisión que tomaste, la verdad, que no la entiendo.
El don del pensar personalmente creo que tiene un pequeño matiz que no apuntaste bien antes de disparar, no. Abusamos de él y lo llevamos hacia la mala conducta. Pensar debería ser como las ansias de aprender, de innovar, de incluso sorprendernos a nosotros mismos, pero  jamás las ganas de liquidar, de odiar, de desear el mal y mayores palabras que no quiero pronunciar. Espero que de caras a tu próxima obra maestra este detalle lo soluciones que sino mal vamos, muy mal.
Somos lo suficientemente  perfectos para crear estereotipos y condiciones. Muy bien.  Pero entonces, ¿para poder considerar a alguien que sea de un color diferente del tuyo no somos tan perfectos por lo que parece? Ahí sí que te reprocho tu mayor error, la falta de respecto, el no saber querernos seamos de donde seamos y no aceptar a alguien por sus determinadas condiciones mentales o físicas. Nada, ahí la cagaste, la cagaste pero mucho. Cambia eso por favor.
Gracias por tu cordial atención Nada, espero haberte dado alguna pista para cuando te inspires otra vez poder hacer las cosas mejor.

Atentamente,


Tu desastrosa creación.

sábado, 24 de enero de 2015

Escala de Do.

A capela, empieza a entonar.
Do
Parecía ser que tus alas encajaban en mi dorso; Que nuestras pecas creaban singulares dibujos. Parecía ser que cosíamos contradicciones.
Punto y seguido.
Re
No era de esperar. Mi sombra sentía celos de ti. Decía que ya no era yo su máximo confidente, que mis globos de ilusiones habían enlazado perfectamente con tus hilos de esperanza. Perdida en un bosque con árboles gritándome preguntas que  la verdad, me resultaban absurdas, que había estados regados con cientos de dudas, yo era la única respuesta.
Mi
Corrí el camino que tus brazos crearon alrededor de mí. Creí poder hallar el puente que cruzara el rio de tus labios; Bañarme en tus palabras y desear nadar tus besos.  Creí  poder llegar a la orilla de tus ojos; Reposar en la arena azul y como cuando éramos dos críos, escribir en ella con un palo nuestros nombres unidos.
Fa
Confié en las absurdas conversaciones que nuestros suspiros mantenían. Entre las frías sabanas y la tenue luz de la Luna se confiaron secretos que nunca nos confesaron. Fueron ambos dos perfectos testigos de sus más traviesas locuras, y nosotros, nosotros no mencionábamos defectos.
Sol
Tu corazón inerte avanzaba los segundos, el mío, destellando pasión, los paraba para hacerlos primeros. Huías del tiempo y te atrapaba en él, retrocedías en los recuerdos y pintábamos a ciegas unos de nuevos, prosperabas los sueños y yo, me dormí en ellos.
La
Quería, mejor dicho, deseaba que me contaras un cuento mientras a tu vera me aposentara. Un cuento sin argumentos, más bien, un cuento sin final, para así poder escuchar el hueco de tu voz susurrándome al oído noche tras noche. Insignificante lo sé. Quedó un escrito previo de esas narraciones en vela.
Si
Y era todo tan fascinante… Verano e invierno entrelazaban sus dedos declarándole a la naturaleza su obvio amor; Nuestras miradas se fundían en el polo más frío donde intentaban unir respuestas para hallar preguntas. Y ahora, ahora, solo queda un prado de tulipanes de  primavera.
Do


Punto y final.